Fotografía del autor

Sobre mí

Esta web no nace de una estrategia ni de un plan perfecto. Nace más bien de un impulso. De varios puntos de inflexión, de esos momentos en los que la vida se vuelve rígida y uno entiende que el tiempo no es infinito… y que hay historias que deben ser contadas ahora.

Soy escritor, creador de juegos y dibujante autodidacta… o por lo menos eso pretendo, pero sobre todo intento recordar la infancia que tuvimos, para entender un poco mejor la que viven ahora nuestros hijos.

Durante años he ido guardando recuerdos de otra forma de crecer: tardes en la calle sin mirar el reloj, juegos que nos inventábamos sobre la marcha, tebeos que pasaban de mano en mano y cuadernos donde cualquier cosa podía convertirse en una historia. Hoy observo otra infancia intensa, pero diferente, más rápida, más digital, y mi inspiración nace justo ahí, entre esos dos universos.

Intento acercar un poco más esos dos mundos, para aprender, y porque he comprendido que no debemos perder aquella forma de ver la vida.

Casi sin darme cuenta empecé a dibujar, luego llegaron las historias, y después los juegos: pequeñas excusas para compartir tiempo de verdad, para que los niños imaginen sin límites y para que los adultos recuerden que una vez también lo hicieron.

Mi hija es el motor de todo este universo. Para ella empecé a dibujar en plena pandemia, aprendiendo de forma autodidacta, equivocándome y volviendo a empezar. Más tarde comprendí que crecer también es pedir ayuda y decidí formarme en una academia.

Así nació esta web, con el propósito de provocar emociones a través de dos caminos diferentes:

Jlurbook, donde viven las historias, los dibujos y los juegos, y Ayri, un espacio inspirado en mi hija, aún por descubrir pero que dará mucho de qué hablar.

No encontrarás fórmulas mágicas, pero no creo en el entretenimiento vacío. Creo en la curiosidad, los retos creativos, en la nostalgia como brújula para apartarnos de las pantallas y en la imaginación como refugio.

Quiero pensar que, si has llegado hasta aquí, es porque tú también has sentido ese desgaste, esa urgencia por apagar el ruido, sentarte en el suelo y permitirte el lujo de volver a jugar por puro capricho.